jueves, 17 de noviembre de 2011

Un ciudadano ejemplar…

Mi amigo y colaborador Pedro Pablo Domínguez Prieto, detective privado de profesión, nos vuele a ilustrar con un texto apasionante. Pedro nos tiene acostumbrados a maravillosas narraciones de hechos reales, y todas ellas desbarban calidad narrativa. Sus textos enganchan y atraen, de eso no hay duda. Además sabe cómo decir las cosas… Pero esta vez se ha superado y nos regala una historia apasionante. Sé que todos los lectores y seguidores de mi blog van a disfrutar…ya me lo irán diciendo…


Lo dicho, a leer. Gracias Pedro.

Ernesto Pérez Vera.

Un ciudadano ejemplar debidamente mentalizado…y armado…


Por: Pedro P. Domínguez Prieto


Generalmente, se acepta que la lucha contra el crimen (prevención general y especial) es tarea del Estado, particularmente de las instancias de control formal. Si somos víctimas de un delito, debemos llamar a la Policía, y si esta detiene a los criminales, los Jueces los castigarán según las acciones que cometieran. Cierto que a la víctima se le permite “defenderse” en el momento de la agresión (art. 20.4 C.P.), pero dadas las restricciones existentes en España respecto a los medios de defensa, es inusual que este derecho se pueda ejercer con efectividad.


Existe otro factor importante, y que además es bien conocido por aquellos que trabajan con armas: el mero hecho de poseerla, no basta para usarla correctamente. Una persona ajena al mundo de la seguridad pública o privada, puede tener acceso a un arma en determinados casos, pero carecerá del conocimiento necesario para emplearla adecuadamente llegado el caso.
Por ello, en España son extremadamente inusuales los casos en que un ciudadano armado ha “repartido plomo” frente a alguien que trataba de atracarle/violarle/asesinarle (viene a mi mente el caso Ferrys), y mucho menos que esa persona lo haya hecho varias veces en un corto espacio de tiempo. En nuestro entorno será más común que hayamos sido víctimas sin opción de defensa varias veces… aunque esa es otra cuestión.


Bien, ejercitemos nuestra imaginación y pensemos que tenemos derecho a “defendernos”, que llegado el momento disponemos de armas de fuego, y que son los atracadores los que se marchan de nuestro hogar “con los pies por delante”, y no una vez, sino 4. Inconcebible, ¿verdad? Ahora sumemos que no somos miembros de FCS o militares, sino simples “civiles” que nos hemos preocupado de entrenar, entrenar y entrenar hasta tener una habilidad equivalente con las armas, más extraño aún.


Esto, que en tierras íberas nos suena a película, ocurrió en realidad en un barrio de Los Ángeles a principios de los 90: es la increíble historia de Lance Thomas.


Ser joyero es un profesión de riesgo, aquí y en cualquier sitio. Dependiendo del lugar, los atracadores estarán más acostumbrados a cometer sus robos sin violencia, o a no dudar en disparar a los propietarios ante la menor resistencia. En USA a finales de los años 80 la última opción era la más común, hasta el punto de que entregar la mercancía no garantizaba evitar que te golpearan o disparasen.

Como otros muchos compañeros del gremio, Lance Thomas poseía un arma en la tienda: un revólver Smith and Wesson 36 del calibre .38 Special de 5 tiros. En lugar de llevarlo en su cuerpo, lo había escondido bajo el mostrador, en un punto cercano a la caja donde pudiera alcanzarlo rápidamente.


El 10 de agosto de 1989, 2 hombres entran en su local. Uno de ellos lleva una pistola de 9 m/m en la mano. Lance decidió en un instante que no se convertiría en víctima, y extendió su mano para alcanzar el revólver.

Llegados a este punto, hay que aclarar que las leyes norteamericanas sobre la defensa propia permiten usar fuerza letal ante un temor razonable de sufrir lesiones graves o la muerte (no es necesario que nos disparen, solo con apuntarnos con un arma ya estaría justificado abrir fuego).

También hay que tener en cuenta que los delincuentes de este país suelen usar armas de fuego con mayor frecuencia que en España, y que es habitual que no duden en disparar ante cualquier resistencia de la víctima. Esto se debe en parte al consumo de drogas como el crack, que en algunas ciudades es un problema endémico.

Por tanto, el Sr. Thomas pudiera muy bien haber muerto aquel día, estaba en manos del delincuente que le apuntaba.

Pero el destino de un hombre puede cambiar únicamente por su determinación: el pequeño revólver del .38 apareció frente al rostro del delincuente y sonaron 3 detonaciones: 2 se perdieron en el fondo de la tienda, pero el tercero impactó directamente en su cara. Al ver caer al primer blanco, el joyero giró su arma hacia el segundo delincuente, pero no viendo ningún arma en sus manos, simplemente le ordenó que se marchara.


Es impresionante la sangre fría de Lance, que fue capaz de “identificar el blanco”, en lugar de tumbarlo al estilo IPSC. El resultado de la lucha no puede ser más favorable: la víctima ilesa y 1 de los atracadores herido de gravedad (finalmente sobrevivió), entendiendo los jueces que se trató de un caso de defensa propia totalmente justificada.


Sufrir un asalto de este tipo es posiblemente la mejor medicina para la concienciación (preguntadle a Ernesto), por lo que Lance analizó los puntos fuertes y débiles de su actuación. Había reaccionado bien y con precisión, pero sintió que posiblemente un revólver de 5 tiros no fuera suficiente la próxima vez. Con esto en mente, el joyero metido a pistolero adquirió 3 revólveres del .357 Magnum: un Colt Python, un Smith and Wesson M19 Combat Magnum y un Ruger Security six, y los distribuyó por su lugar de trabajo, con la idea de hacer recargas neoyorquinas: en lugar de recargar, soltaría cada revólver vacío y cogería otro cargado.
Con estos 4 revólveres (mantuvo el del .38), Thomas esperó hasta el siguiente asalto (mejor dicho intento de asalto). No tardaría en llegar.


El 27 de noviembre de 1989, los delincuentes eran de un tipo totalmente diferente, nada de chorizos de barrio: 5 hombres bien armados y motivados, de los que 3 componían el grupo de “asalto”, y los otros 2 actuaban de apoyo. Accedieron a la tienda y, sin mediar palabra, el hombre de punta disparó con una semiautomática del .25 8 veces (el calibre .25 es para un europeo el conocido 6,35 m/m), hiriendo a nuestro protagonista 4 veces: 3 impactos en el hombro derecho y 1 en el cuello. Posiblemente el 4º disparo no fue mortal debido al pequeño calibre de los proyectiles.

Thomas volvió a responder acorde a su entrenamiento: el Ruger vomitó 6 proyectiles del .357 Magnum, de los que 5 alcanzaron al criminal. Lógicamente cayó como un saco de patatas.
El 2º delincuente abre fuego, y también lo hace el defensor con el .38 de cañón corto, increíblemente ninguno de la docena de proyectiles que silbaban por el aire “tocan pelo”.


Es el turno del tercer chorizo, y también para el tercer revólver del joyero. Los 6 proyectiles del .357 entran en la silueta, otro delincuente que cae al suelo.


En ese momento, el pandillero superviviente decidió que no quería seguir tentando a la suerte, y escapó corriendo del local. Sus 2 compañeros, al escuchar el ruido de los disparos y ver solo a 1 de ellos salir de la tienda, adivinaron lo que había ocurrido y también huyeron.

Nueva victoria para el pistolero: 11 blancos con 19 disparos, 2 delincuentes muertos.
Thomas sin duda había tomado decisiones acertadas en cuanto a armas, calibres y número de estas, y yo no puedo sino darle la razón: el .357 Magnum es posiblemente, el cartucho policial con mejor reputación de la historia. No sabemos si fue debido al aumento en número de asaltantes (de 2 a 5), pero nuestro amigo volvió a aumentar su arsenal, esta vez con pistolas semiautomáticas: 4 SIGs (1 P225 de 9 m/m P y 3 P-220 del .45 ACP). Ahora en el mostrador de la relojería se apilaban nada menos que 8 armas cortas, con 56 cartuchos de munición de alta potencia en ellas.


Su plan seguía siendo el mismo, coger arma tras arma e ir vaciando los cargadores hacia los atracadores, desechándolas según las descargara para coger otra.


Analizando su caso, es imposible no recordar los tiroteos del famoso Jim Cirillo, y ver como Thomas había adoptado varias de sus tácticas, quizás sin ser consciente de ello. En las “emboscadas” de la SOU (unidad del NYPD en la que trabajó Cirillo), los tiroteos tenían lugar a muy corta distancia, sin medias tintas: muy pocos delincuentes neoyorquinos bajaron sus armas al oír “alto policía”. También se daba con frecuencia el caso de producirse disparos simultáneos entre criminales y agentes. En estos casos, según Cirillo, lo más importante era “tumbar” al otro lo antes posible. Reacción inmediata y calibres grandes y potentes, esa era la clave. Cirillo llegó a decir que el arma ideal para estos menesteres era un revólver del .44 Magnum con puntas huecas.


Los calibres elegidos por Thomas (.357 y .45) cumplían con las condiciones de Cirillo.

3º round: 4 de diciembre de 1991. De nuevo Thomas iba a tener que usar sus armas para defenderse. 2 atracadores, un hombre y una mujer entran en la tienda, el varón desenfunda una Glock y apunta al tendero, ordenándole que no se mueva. Buena cosa le dijo, en un momento su mano iba hacia la SIG más cercana.

En esta ocasión, el primer proyectil del asaltante impactó al defensor en el cuello, no siendo fatal por cuestión de centímetros. Debido a la urgencia, Thomas no pudo empuñar correctamente la P225 (lo que se llama limp wristing) y tras disparar 3 veces hacia el pecho del agresor, la pistola se interrumpió. Sin pararse a solucionar la traba, la soltó y cogió la siguiente: una P220. 5 “plomos” del .45 acaban con la vida del atracador. Su acompañante no se mostró muy dispuesta a pelear, por lo que la lucha había terminado.


Lance volvería a recuperarse de sus heridas: 4:0.

Epitafio: 20 de febrero de 1992. Lance ya era un pistolero experimentado. Como decimos coloquialmente “tonterías las justas”. Cuando 2 individuos armados entraron en la tienda, ni siquiera tuvieron ocasión de levantar las pistolas que Thomas vislumbró en sus manos. El primero cayó con 8 proyectiles del .45 en su cuerpo. La segunda P220 lanzó 4 más al pecho del segundo, zanjando la cuestión definitivamente.


Thomas había prevalecido frente a 11 delincuentes, matando a 5 e hiriendo a un sexto. A cambio había sido herido en 5 ocasiones. Sin duda ningún delincuente de la época pensaba en ese momento en ir a batirse en duelo con el relojero, pero eso no aplacaba la sed de venganza que corría entre las bandas de la ciudad, que finalmente amenazaron con tirotear la tienda periódicamente y matar a los clientes que estuvieran allí. Lance Thomas se vió obligado a cerrar la tienda, ante la disyuntiva de poner en peligro a personas inocentes.

Hoy en día, este singular pistolero de la era moderna vive en el anonimato, rehusando incluso ser entrevistado, oculto de las múltiples amenazas de muerte que recibió.


Tan solo hemos podido rescatar una entrevista concedida al programa “Turning Point” de ABC News, que fue a su vez publicada en la revista Guns and Self Defense: when can you shoot, el 5 de octubre de 1994:

http://www.youtube.com/watch?v=pkWgp2abM2ww


Don Kladstrup (entrevistador): “Durante 14 años, Lance Thomas fue un relojero de éxito en un barrio del Oeste de Los Ángeles, vendiendo relojes de gran valor, de lujo y de época. Hace 5 años, la zona fue azotada por una serie de robos a mano armada, en los que varios comerciantes fueron brutalmente asesinados”


Lance Thomas (describiendo su primer tiroteo): “… Decidí que no sería una víctima en un instante. No soy la pistola más rápida del Oeste, no soy Wild Bill Hickok. Estaba muerto de miedo, de hecho pensé que no sería capaz de hacerlo.”

D.K.: “¿En qué medida cambió su vida?”
L.T.: “Así es como descubrí la esencia de la defensa personal: y si… y si…y si… Los escenarios eran infinitos, y me vi a mi mismo planeando como reducir la probabilidad de morir si ocurría de nuevo.”


D.K.: “Lance comenzó a practicar en el campo de tiro, apuntándose a un gimnasio y practicando tácticas para cada escenario de robo que se le ocurría. ¿Cómo pudo seguir disparando, defendiéndose, con un proyectil en el cuello y 3 en el hombro?


L.T.: “No me había matado, y no me había quedado sin munición”.
D.K.: Se pregunta si muchos alumnos de defensa propia están tan preparados mentalmente como lance Thomas.

Nuestro amigo continúa: “Si nos trasladamos mentalmente al punto inicial en que estoy enfrentándome a un delincuente armado, tengo que decidir si quiero ser una víctima a su merced o ejercer el derecho a la defensa personal y pelear, y pelear supone aceptar la posibilidad de matar o morir. Dura elección”.

D.K.: “Ciertamente, Lance Thomas no siente remordimiento por las personas que mató”
L.T.: “Remordimiento y culpa… si lo buscas en el diccionario son sinónimo de error. Yo no creo que errara”.


Actitud y aptitud, esas parece que fueron las claves para que el Sr. Thomas saliera vivo frente a 11 delincuentes armados. En el vídeo de la entrevista, además de la impresionante panoplia de “herramientas”, se ve al relojero practicar en la galería. Sin duda tenemos muchas cosas que aprender de él.
:) :( ;) :P :D :/ :x :* :O :S :| B) :w :a :)) :(( O:) 7:) 7:P X( (:| =)) I-) 2:P =DD X_X :!! :q ^_^ :ar!

6 comentarios:

JOSMA dijo...

¿Qué queréis que os diga? Cuando lo he leído, no me he podido resistir a que me asaltara un pensamiento de incredulidad… ¿Hoy es los Santos Inocente? Pues no, falta algo más de un mes, pero cuando he visto el vídeo y he buscado en Internet información de los sucesos, se han “escampado” todas mis dudas, y anda que si es verdad.

Este hombre no es, a día de hoy, el único caso que conozco, ni el último, seguro, pues en mi localidad sucedido “algo parecido”. Sería como el primer caso del protagonista de la entrada: Dos delincuentes entran en la joyería, uno de ellos lleva una escopeta de cañones recortados, el joyero extiende la mano, coge el revolver escondido bajo el mostrador, y realiza dos detonaciones, así, casi sin mirar, impactando en el pecho del “choro” el cual cae fulminado al suelo. El otro que ve al colega muerto, y “sale por patas” de la tienda” ¿Fin? Pues no, al igual que hace referencia Pedro P. al caso Ferrys, y conforme a la normativa de la época, hace más de 15 años, el pobre joyero, además del susto, de haber visto como su propia vida corría un peligro claro e inminente y de haber tenido que llevar la carga de haber sesgado la vida de una persona, de una mala persona, pero semejante al fin y al cabo, acabo por cerrar la joyería y dedicarse a la horticultura, pues le trataron más como si él hubiere sido el criminal y la víctima el portador de “los ojos negros”.

En cuanto a la entrada, deja claro quien gana en esta vida con una mentalidad como la del señor Thomas: “Pelear supone aceptar la posibilidad de matar o morir. Dura elección”, y tampoco hay que irse a los USA para oírla. El Sr. Pecci lo menciona en su libro, artículos y de “viva voz”: “Siempre que disparas debes asumir una posible muerte"

A lo llevado a cabo por el Sr. Thomas yo le llamo, Adaptación al Medio, y ríete de la Teoría de la Evolución del Sr. Darwin, pues este señor no ha tenido que pasar por miles de año de evolución para adaptarse a un medio hostil, en el que o bien eres una víctima o bien un superviviente, y en el que si hacían falta 3/4/5 o más medios de defensa, los adquiría... Y punto.

Buen artículo sin duda el publicado por Pedro P. que de nuevo nos ilustra con casos reales a los que hay que ceñirse “a pies juntillas” si queremos seguir viéndonos por aquí. Gracias y un saludo.
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"Ante ferit quam flamma micet"
"Hiere antes de que prenda la llama"

Anonymous dijo...

Gracias por comentar Josma.

Este texto es bueno en todo, en contenido y redacción. Me ha encantado.

El artículo que refieres de Pecci es muy bueno. Su título da para mucho escribir. Yo mismo he referido esa frase, y a su autor, en algún trabajo mío. Incluso he acuñado la frase para mis cursos.

Saludos.
Ernesto.

Anonymous dijo...

La verdad tiene tres partes, la de uno la de otro y la verdad.
En primer lugar la enhorabuena a este tío, por salvar la vida pero….
El primer encuentro parece un encuentro razonable es más se parece al que describe Josma. El segundo me sorprende, si alguien va a atracar lo primero es la conminación el acojone pero atracar pegando ocho tiros de entrada no parece muy verosímil, más bien parece un intercambio de disparos en el que marca la diferencia los calibres utilizados.
Da la impresión de que el buen hombre le cogió el gusto, no parece muy buena técnica pegar tantos tiros a un blanco, con esos calibres que por sí solos con dos impactos se sobran, quedarte sin munición no parece la mejor salida aunque a él le haya salido bien, pero aquí es donde me entran las dudas si tres tíos sacan al unisonó y abren fuego en una distancia tan corta te da tiempo a tumbar a uno. Es hablar por hablar pero en el espacio que pueda ocupar una tienda con dos disparos por blanco parece que sobra. Si lo miramos fríamente con ese número de impactos (ocho del 45 en el pecho) en España habría tenido problemas más teniendo en cuenta como he dicho los calibres usados. Un saludo. José Moreno.

Anonymous dijo...

Gracias por comentar Moreno.

Ernesto

Anonymous dijo...

Hola Moreno, lo que dices es total y completamente lógico, pero... aquellas personas que han tenido varios tiroteos a muy corta distancia (el único caso que conozco aparte del tio este es el de Cirillo y compañía), hacían exactamente lo mismo: aunque usaban municiones potentes ( .45, .30 Carbine, calibre 12 de posta y bala), muy pocas veces no agotaban los cargadores, incluso de varias armas. Cirillo decía que cuando tienes a un tio delante apuntándote a la cara a 5 metros, la parada instantánea es "muy lenta" jajaja. La verdad es que, aunque sabían que "en teoría" 2 o 3 disparos bastaban, seguían disparando hasta que el otro caía al suelo, no se arriesgaban a que el otro disparase porque, a esas distancias, el malo tenía muchas posibilidades de acertar auqnue fuera de suerte. De hecho, los policías del SOU recibían muchos impactos en los chalecos. Bob Allard, una vez que tuvo que enfrentarse a un tipo armado con un Garand, estaba tan preocupado de que el atracador no "levantase" el rifle ( los chalecos que usaban no paraban esa munición), que le vació la escopeta, sin pararse a mirar si el otro estaba muerto, desenfundó una 1911 y le disparó 8 veces, la soltó y desenfundó el .38 de back up: 5 tiros más,en total 22 impactos.
Imagino que la cuestíón sobre Thomas sería evitar que le disparasen como la primera vez.
perico

Anonymous dijo...

Perico, no me causa ningún problema ético ni estetico que el choro reciba. Es normal la gripada en el dedo y todos sabemos que ocho disparos salen en un suspiro. Parar como dices con un agresor a cinco metros, como el que para tirando a la silueta es imposible y seguramente a todos se nos fuesen no menos de cinco disparos. Lo que si llama la atención es el tiempo tomado entre soltar un arma y empuñar otra, cuando como tú dices dos salivazos del 357 en medio del pecho deben, que no lo se mandarte a tomar por ...En fin que sea como sea se los cepillo con dos cojones, quizas su verdadero arma fueron sus ganas de vivir y la sorpresa que estas ganas causaron en sus atacantes.Un saludo. Jose Moreno.

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